lunes, 19 de marzo de 2018

Feminismo, enemigo de la literatura: Mario Vargas Llosa



El escritor peruano Mario Vargas Llosa acusó al feminismo radical de apoyar una “ofensiva antiliteraria y anticultural”.


Ahora el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades, es el feminismo", acusó el premio Nobel de Literatura en su columna "Nuevas inquisiciones", publicada en el diario español El País.

"No todas las feministas, desde luego, pero sí las más radicales, y tras ellas, amplios sectores que, paralizados por el temor de ser considerados reaccionarios, ultras y falócratas, apoyan abiertamente esta ofensiva antiliteraria y anticultural", agregó.

De acuerdo con el escritor, no hay nada que lo desmoralice más que “la sospecha de que (…) no es imposible que la literatura (…) pudiera desaparecer”.

Rememoró como en el pasado fue la religión quien estableció la censura contra los escritores, que según Vargas Llosa, “desafiaban la moral y la ortodoxia”, mecánica que siguieron desde su óptica, los sistemas totalitarios, el comunismo y el fascismo.

Según Vargas Llosa, "por eso casi nadie se ha atrevido a protestar aquí en España contra el “decálogo feminista” de sindicalistas que pide eliminar en las clases escolares a autores tan rabiosamente machistas como Pablo Neruda, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte. Las razones que esgrimen son tan buenistas y arcangélicas como los manifiestos que firmaban contra Vargas Vila las señoras del novecientos pidiendo que prohibieran sus “libros pornográficos” y como el análisis que hizo en las páginas de este periódico, no hace mucho, la escritora Laura Freixas, de la Lolita de Nabokov, explicando que el protagonista era un pedófilo incestuoso violador de una niña que, para colmo, era hija de su esposa. (Olvidó decir que era, también, una de las mejores novelas del siglo veinte)".

El ganador del premio Nobel de Literatura en 2010 tampoco exentó a las democracias, aunque dijo que en estas “era posible resistir, pelear en los tribunales” convenciendo tanto a jueces como a gobernantes de que “una cultura de alto nivel tiene que tolerar en el campo de las ideas, disidencias, disonancias y excesos de toda índole”.

Según el escritor, “quienes quieren juzgar la literatura (…) desde un punto de vista ideológico, religioso y moral se verán siempre en aprietos”.

Con información de El País